Sobre el oscuro suelo de los suburbios de Dadui, aún más ennegrecidos gracias a la acción de las tristes nubes, un viandante barría las flacas gotas de agua y el hollín de la acera con su lento y tedioso andar.
El humo de una fábrica cercana, el horizonte gris rojizo y la perdida mirada de Nel hacían que nuestro paseo por la zona baja de la ciudad fuera más doloroso de lo que podría ser ver un panorama así. Nel, aquel hombre inestable y mudo de palabras, no pasaba hoy su mejor día. Arrastraba su sombra compadeciendo al viento, miraba hacia sus pies evadiendo al miedo… Esquivando la mirada de la suerte. Estaba negado a todo. Estaba negado a vivir y seguir siendo. Negado a ver un día más de dañino sol. Y negado a volver a llamar a la puerta de Soledad.
La noche amenazaba y él arrastraba en sus pantalones toda arena y todo grava. Su camiseta de cuadros grises, desprendía colores a su paso. Su largo pelo iba cayéndose conforme avanzaba; al igual que todo lo que sentía: era todo sentimiento.
Despojó de su ser la amargura primero, tirándola por una alcantarilla recién puesta. Un metro más adelante, se arrancó la ira que tantos problemas le había producido con su consciencia, también perdida ya en el camino. Cortó el odio del amor y ambos cayeron sobre el suelo arrastrados por el agua. Sobre el viento se podía respirar la falsa amistad que le habían concedido. Su cuerpo quedó descubierto y ando desnudo todo lo que pudo, siempre avanzado hacia lo que parecía un camino cada vez más estrecho hasta el sol. La brisa arrastró hasta mis pies su soledad, y pude respirar por mi nariz su sentimiento de culpabilidad. Su pelo acabó desprendiéndose por completo de su ser, como la tristeza y la alegría, las sonrisas y sus recuerdos. Ahora era más nada que antes; pero era por ello por lo que se sentía mejor, hasta que incluso este sentimiento expiró.
Se arrodilló ante el suelo, y ante un sol color fuego, gritó y lloró hasta que este desapareció. Fue entonces cuando Nel quedó mudo, se hizo la noche, desapareció todo dolor y con ello, su vida...

.Bienvenidos!

Dile al sol que no me muerda.

>> viernes 4 de diciembre de 2009

Una mujer de sesenta años fue agredida durante la noche del pasado martes, día de Navidad, cuando vagabundeaba por la calle San Francisco de Bilbao.
elcorreodigital.com
La difícil acusación del indigente apaleado por tres jóvenes neonazis el día de navidad
blogcindario.com
El feriado de navidad deja unas 106 víctimas
hoy.com
Niños que trabajan explotados haciendo regalos para otros niños; gente que reparte droga para otra gente; sonrisas falsas repartidas a diestro y siniestro; mentiras envueltas en papel de regalo; ilusiones creadas; derrochemos energía y BELLEZA con las bombillas que adornen nuestras calles; multemos a aquellos que buscan en los contenedores en busca de su propia cena navideña a base de langostinos caducados; ignoremos la navidad tercermundista; ignoremos que en realidad nadie quiere tanto a alguien como se piensa; ignoremos que todo esto es un invento para el consumismo; ¡tenemos que celebrar algo que muchos ni saben de dónde sale!; observemos con ilusión como el año "cambia"; imcumplamos nuestros objetivos de año "nuevo"; seamos egoístas! La felicidad es nuestra estos días; felicitemonos por algo que no sabemos...
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Ignoremos que hay gente que sufre estos días; que hay gente que muere; que hay gente que NO vive para que vivamos nosotros. Y mientras lo ignoremos no mataremos nunca al estupendo espiritú navideño que nos invade y nos hace hacer obras buenas.
Oh, ya lo creo.
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La navidad no es miel.
Por eso la navidad es nuestra, porque la miel no está hecha para la boca de los borregos.

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AUnSiENTE.

>> sábado 21 de noviembre de 2009



Mirando a la luna permitía que sus ojos se cerraran y su sonrisa se relajara. En sueños decidía con que sí y con que no quería soñar. Preparaba su despertador para poder ver amanecer todas las mañanas y ducharse antes de salir de casa. Caminaba acompañada por su mente y sus sentimientos en plena ebullición. Fumaba sentada en cualquier portal con la cabeza apoyada sobre la pared mirando al cielo mientras oía llover. En sus tareas sólo pensaba en una cosa. En sus salidas sólo pensaba en una cosa. Todo su pensamiento estaba monopolizado. Con su parte buena y su parte mala; afectando así a su estado emocional y a sus días; unos de veintitrés horas de duración llenos de sonrisas y otros de diez llenos de impotencia, por decir algo entre tantas cosas que escoger.
Báh.

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>> lunes 2 de noviembre de 2009

Meses. Han pasado meses. Quizás un año incluso.
Mi vida ha sido la misma desde entonces, mis días a base de napolitanas caducadas, litronas a medias y cigarrillos – y en su defecto colillas.
Y un día, así de buenas a primeras, un día cualquiera, amanezco con una presencia a mi lado… Me desperezo en lo que parece ser un día más y me asombro al ver como… como me chupa la cara. Rompo a llorar.
- ¡¡Buuuuuuuuuuuuuuuull!! – digo mientras me tiro al suelo con él - ¡Eres un cabrón! ¡Pero no de los malos, de los que hacen sonreír! ¡Joder, Bull! ¡Jodeeeeeeer! – digo a grito limpio.
Sonrío, lloro, sonrío, lloro, sonrío. Afloran emociones, sentimientos, recuerdos amontonados, ganas de revivirlos. Sonrío a más no poder.
Y sigo sonriendo cuando noto la presencia de alguien sonriente tapándome el sol. Es ella, Ataraxia... Es ella quien me ha llevado a vivir lejos de la calle siguiendo en la misma.

Y es así como Ataraxia barrió mis miserias y las dejó caer por un puente a la autopista; me hizo creer en algo que para mí no existía; expandió mi sonrisa más allá de nuestras horas juntas; es así como le pegó patadas al tiempo; como me eclipsó; acortó mis noches, alegró mi vida, arruinó mi tabaco y no me importó, me ayudo a seguir, me evadió, me ayudó a salir; es así como me hizo tantísimo bien. Es así como Ataraxia me dejó una vez más sin palabras.

Y es así como Ataraxia me trajo LA FELICIDAD "de mano de Bull".


Mátame.

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Basado en hechos reales.

>> sábado 24 de octubre de 2009

Noto el contraste - entre la luz de la luna, el sol y mi cigarro al consumirse – con la oscuridad que me produce cerrar los ojos. Siento el leve sonido de dos respiraciones; una tumbada sobre una piedra, otra chapoteando en el agua. Suspiro, sonrío, inspiro, la miro. Pienso en las cosas que me hacen sonreír. Fumo. Miro a la nada. La nada que antes fue agua llena de vida hoy sólo son cuatro juncos mal puestos entre un pequeño arroyo tintando de un triste color marrón. Todo cambia… a peor. Nosotros envejecemos, nos hacemos feos; la naturaleza también. Nosotros acabamos muriendo; ella también. Y la única diferencia entre la naturaleza y nosotros es que somos las personas quienes hacemos que todo muera y es la vida la que nos hace vivir, de una forma u otra. Y es la naturaleza, y eres tú - y sabes que me refiero a ti - la vida que me hace vivir a mí.

Y llego a casa y con lo único que me encuentro es que me he deshecho de un recuerdo que no quería perder en lugar de ser al contrario...

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>> viernes 16 de octubre de 2009

15 de Octubre, por Pablo.

Apoyada en la pared, sentada en el suelo y girando unas tijeras entre sus delgados dedos sonreía sarcástica hacia la nada. El flequillo, demasiado largo ya, caía delante de sus ojos haciendo su gesto aún más sombrío; y a los lados, caían sus largos mechones negro azabache hasta casi rozar el suelo... Con las piernas estiradas y los pies jugando a nada piensa en algo inimaginable mientras su silla de ruedas descansa a su lado.

Nunca en mis años de trabajo había conocido a nadie igual; muchos caían en depresiones demasiado profundas y unos pocos se aferraban a la vida como un caracol a su concha, generalmente nadie tenía un término medio. Ella sólo pensaba en vivir, en seguir su vida como hasta ahora, pero aún con más ganas. Siempre, siempre sonreía. Por muy negras que estuvieran las nubes ella no perdonaba su paseo de todas las tardes, ella no cesaba su canto alegre ni sus caricias a su compañera canina. Era capaz de traspasar la alegría a cualquiera, siempre dispuesta a ayudar de una forma u otra, siempre agradecida, llena de vitalidad; más vitalidad que cualquier conjunto de niños sin ningún tipo de problema físico o psicológico.

Queriéndose como nadie se quiere a sí mismo, afirmando siempre que ella era feliz.

Y ahora, observandola en su habitación, en su más íntima soledad caía rendida ante el dolor. Sé que ella jamás fingiría, sé que ella cuando afirmaba algo lo hacía de verdad, y sé que ella es feliz... pero hoy, algo está torturándola. Y no; no soporto verla así.
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15 de Octubre, por Diana.
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De todo menos Pablo...

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Es sucio, es inmundo, es... Un paraíso.
(Jay Adams)

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